Posteado por: Puce | 9 de noviembre de 2010

Primeros días o A la caza del departamento

Una vez en Santiago, mi prioridad era clara: Encontrar un sitio donde vivir. Para bien o para mal, decidí no quedarme con el piso de mi predecesor y tener la posibilidad de elegir yo mismo el piso departamento en el que iba a residir durante todo este año.

En mi optimismo, desde España había reservado solamente tres noches en el “Atacama Hostel”. El hostal me quedaba muy cerca de la oficina, pero la habitación era absolutamente claustrofóbica y no tenía sitio ni siquiera para abrir mis maletas con comodidad.

Mi cuartucho del Atacama Hostel

Mi celda los tres primeros días en Santiago

Al tercer día, como aun no había encontrado departamento, al ir a ampliar mi estancia me topé con que no tenían sitio para mí en el hostal. ¡Si ni siquiera me había quejado de lo apestosas que eran las duchas! Aproveché mis últimas horas allí para buscar un nuevo hostal al que mudarme rápidamente.

El cambio fue a mejor. Encontré el “Santiago Hostel”, más cerca aún de mi oficina y de un precio similar. Esta vez la habitación me daba algo de movilidad (mis maletas y yo cabíamos en el cuarto sin necesidad de discusiones) e incluía baño privado. Tenía otros tres días más para encontrar vivienda.

A todo esto, la bienvenida por parte de los becarios ya asentados en Santiago fue más que sobresaliente. El día que llegamos nos sacaron a cenar, y podíamos habernos ido de fiesta si el jet lag (y el pisco sour de la cena) no hubiese acabado con nosotros. Al día siguiente, domingo, tuve que interrumpir la búsqueda porque nos invitaron a una barbacoa un quincho en el Cerro de San Cristobal, en el que conocimos (y disfrutamos) la costumbre de reunirse alrededor de un asador y una buena cantidad de carne 🙂

Quincho

A zampar!

Volviendo al tema de la búsqueda de departamento, rápidamente vi que los métodos clásicos de España no eran aplicables aquí en Chile: pocos anuncios en los periódicos, nula presencia de carteles de “Se alquila arrienda”… En esta ciudad, y concretamente en Providencia, el barrio la comuna en la que quería vivir, todos los edificios tienen un portero que controla las idas y venidas de los habitantes del mismo. Él maneja la información, él controla el cotarro. Al principio con vergüenza, después con más soltura, recorrí los alrededores de la oficina preguntando de portería en portería si en ése edificio había departamentos en arriendo.

La sensación al entrar a estos edificios es un poco de “homeless”: – ¿Hola, hay algún piso para mí?

No eran tales mis palabras pero sí era eso lo que se leía detrás de ellas. A pesar de estar buscando muy poquitos días, a última hora de cualquiera de ellos mi cansancio era patente y mis ganas de encontrar departamento mayores de lo normal.

En muchas ocasiones el portero me dio números de teléfono con los que contactar a los propietarios, y en otras tantas incluso fue él mismo el que me enseñó el piso por habitar. En 5 días visité bastantes departamentos, mejores, peores, pequeños, minúsculos, compactos…; pero al final fue el que me enseñó un contacto español el que me enamoró. Pero eso lo dejamos para el próximo post 🙂

Nos vemos!

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Responses

  1. Marcooossss!! acabo d descubrir que escribes!!
    mucha suerte por alli y no dejes de postear, yo te seguire leyendo 🙂

  2. ¿Estás monetizando tu blog?

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